dijous, 12 de juny de 2008

Barbizon y Olot: Dos paisajes, una época

El siglo XIX fue especialmente brillante en el panorama de la creación pictórica. De todos son conocidos los grandes movimientos pictóricos del momento, desde el Clasicismo al Modernismo, pasando por el Neoclasicismo francés, el Romanticismo de los nazarenos alemanes, la figura determinante de Francisco de Goya en la España de principios de siglo, el Realismo, y el Naturalismo francés. Dentro de ese amplio espectro de producción artística muchas veces quedan relegadas a un segundo, y relativamente injusto, plano dos escuelas de pintura que se localizaron en sendas pequeñas poblaciones de Francia y Cataluña. Nos referimos a las denominadas Escuela de Barbizon y Escuela de Olot. Presentan varios rasgos comunes que las hacen parejas en cuanto a desarrollo y posterior repercusión en la pintura que se realizaba en los dos países. Ambas se desarrollaron a la “sombra” de dos importantes centros de creación pictórica, como eran París y Barcelona. A pesar de ello se convirtieron rápidamente en centros de referencia y de peregrinación de los principales pintores de la capital. Tanto los artistas de Barbizon como los de Olot, sintieron la necesidad de reflejar en sus telas el paisaje y, fundamentalmente, la impresión, los sentimientos que éste despertaba en los artistas, quienes, a su vez, intentaron transmitir al espectador. A diferencia de los pintores románticos su visión de la naturaleza siempre será mucho más objetiva.
La Escuela de Olot, influenciada por la de Barbizon, especialmente a partir del viaje que a principios de la década de los setenta del siglo XIX realizó Joaquim Vayreda a París, se convertirá, sin lugar a dudas en el foco de creación pictórica más importante de finales de ese siglo en Cataluña, al lado, eso sí, de la omnipresente Barcelona.
Si la Escuela de Barbizon puede ser considerada, con toda justicia, como el antecedente directo del Impresionismo francés; la de Olot supondrá el eslabón definitivo del Realismo catalán iniciado por Ramon Martí i Alsina, maestro de Joaquim Vayreda.
La Escuela de Barbizon
En la Francia post-revolucionaria, en la que una nueva y emergente clase burguesa estaba llamada a sustituir a la desaparecida nobleza en todos los campos que ésta última abarcaba, el Realismo se abría paso dentro del paisaje de la pintura. En aquella época, Barbizon no era más que una pequeña aldea a los pies del Bosque de Fontainebleau. Un grupo de jóvenes pintores, a la cabeza de los cuales podríamos emplazar a Théodore Rousseau (1812-1867), decidió refugiarse en esta pequeña villa en busca de la inspiración en la naturaleza, vista desde una perspectiva profundamente diferente de la de los artistas Románticos. Si estos últimos habían observado la naturaleza y la pintaron posteriormente en sus estudios adaptándola a su estado de ánimo, los artistas de Barbizon decidieron captarla directamente en sus lienzos sobre sus caballetes instalados a “plein air” con una visión mucho más objetiva, aunque no por ello menos evocadora.
En un principio, Rousseau y sus compañeros de aventura salieron de París decepcionados ante el conservadurismo y excesivo academicismo de la enseñanza en la Escuela de Bellas Artes de París. Por otra parte, sus obras habían sufrido el rechazo casi unánime por parte de los jurados de los Salones de Bellas Artes celebrados en la capital francesa entre los años 1831 y 1837. La naturaleza, el bosque de Fontainebleau y el humedal de Barbizon, en concreto, se presentaron como el refugio ideal en el que poder dar rienda suelta a su capacidad creadora y a su espíritu innovador
La llegada de los artistas no fue casual. A partir de 1820 artistas de prestigio reconocido como Théodore Caurelle d’Aligny, Paul Huet y, especialmente, Jean-Baptiste-Camille Corot (1796-1875), maestro de algunos de los principales creadores del grupo, ya buscaron en los bellos rincones de Fontainebleau el motivo que inspirara sus creaciones. Siguiendo sus pasos llegaron a Barbizon los tres grandes artistas de la Escuela. A saber, el citado Rousseau, Jean-François Millet (1814-1875) y Narcisse Díaz de la Peña (1807-1876). Tras ellos una larga relación de artistas completará poco a poco, y durante varias décadas, la nómina de pintores que la conforman. Muchos de ellos llegaron a Barbizon venidos allende de las propias fronteras francesas atraídos por el creciente interés por la naturaleza que se produjo entre los artistas del siglo XIX. La variedad de sus orígenes y de sus respectivas formaciones provocará que las obras de la Escuela presenten una gran diversidad, tanto cromática como formal i estructural, siendo incluso en muchas ocasiones totalmente diferentes los planteamientos iniciales en los que cada pintor sustente sus obras. Entre los artistas más destacados de tan variopinto y heterogéneo grupo encontramos a pintore sde la talla Jean-François Millet, Constant Troyon (1810-1865), Rosa Bonheur (1822), Charles Jacque (1813-1894) y Jules Dupré.
A pesar de que, a lo largo del tiempo, muchos de ellos fijaron su residencia o alquilaron casas particulares en la población o en sus cercanías, en un principio el lugar en el que se alojaron fue en el Albergue Ganne, actual sede del Museo de la Escuela Barbizon. Por lo que sabemos, el matrimonio formado por Marie-François Ganne y su mujer, Déme-Françoise Kleine, ofrecieron, en un principio alojamiento a los artistas en su casa. Ante el aumento de la clientela, decidieron inaugurar el albergue. Este se convirtió rápidamente en el punto de encuentro de la mayor parte de los pintores que se daban cita en la villa. Al actual museo, hay que sumarle la casa de Théodore Rousseau en la villa, que actualmente acoge exposiciones temporales,
Estilísticamente, el origen de la Escuela deberíamos buscarlo en la fuerte sensación que produjo en muchos de los artistas franceses la obra del pintor inglés John Condestable al cual pudieron contemplar con motivo de una exposición realizada en la capital francesa el año 1824 en la que se presentaban obras de diversos pintores ingleses. Para ellos la obra del inglés representó la nueva concepción de la realidad que convirtieron en estandarte de su inspiración. La obra de Condestable presentaba la naturaleza totalmente desligada de prejuicios y de una manera “directa y objetiva”. A ello tendríamos de añadir la aportación de una nueva técnica pictórica, fundamentada en el uso de la mancha de color y no del dibujo como medio de representación de la realidad.
Los pintores de la Escuela de Barbizon rechazaron de plano la nueva sociedad burguesa, la concepción artificial de la realidad y de la sociedad que se generaba en las ciudades. En su realismo encontraron una manera de representar aquello que sentían: la emoción que despertaba en ellos un paisaje, una luz, un ambiente totalmente diferentes al de la gran urbe. Si su pintura transmitía este sentimiento, este estado de ánimo, sin alterar la realidad vista en la realidad plasmada, el objetivo de la creación artística se había logrado. Para ello debieron abandonar los preceptos académicos aprendidos en la citada Escuela de Bellas Artes. Fundamentalmente lo que intentaron fue plasmar la belleza de la naturaleza que los rodeaba, pero sin idealizarla, tal y como habían hecho los pintores románticos. La realización de sus obras en el entorno natural, sobre el caballete, observando en primera persona y sintiéndose un personaje más de la acción que contemplaban y representaban un mismo tiempo, reflejando momentos de la sencilla vida del campo, captando su atmósfera, su colorido y su dureza los convierte en los precursores del Impresionismo francés y de muchos otros artistas que, siguiendo su estela, aportaron savia nueva a la pintura académica y decimonónica que, en muchas ocasiones se pretendía dictar desde las escuelas oficiales de arte. Por ello la obra de los artistas de la Escuela de Barbizon está considerada como capital para el posterior desarrollo de la pintura europea del siglo XIX, sin su presencia no podríamos entender la obra de los maestros impresionistas, como Manet, Monet, Cézanne, etc.
La Escuela de Olot
Si bien la Escuela de Olot no fue estrictamente contemporánea a la de Barbizon, su gestación y rápido desarrollo estuvieron íntimamente ligados a ella y a su período de madurez.
En el panorama de la pintura catalana de la segunda mitad del siglo XIX la figura del pintor Ramón Martí i Alsina, máximo representante del realismo anecdótico de la escuela catalana, resultó determinante en el proceso de creación de la escuela olotina. Fue el maestro, entre muchos otros, del pintor que aglutinó el nacimiento del colectivo, Joaquim Vayreda (1843-1894).
Éste, nacido en el seno de una acomodada familia de la aristocracia rural, empezó su formación en la Escuela Pública de Dibujo de Olot, que había sido fundada en 1783 por el pintor Joan Carles Panyó y continuada, dentro de los más ortodoxos dictados del academicismo, por su yerno Narcís Pascual. Con el aparente pretexto de estudiar Filosofía se trasladó a Barcelona, y lo que encontró en la ciudad condal no fue lo que, en principio, sus intenciones parecían anunciar. El encuentro con el que sería su maestro, Martí i Alsina, cambió definitivamente el curso de los acontecimientos. Sorprendido, a la par que fascinado, por el realismo de la obra de Martí i Alsina, el joven Vayreda no dudó ni por un momento que la belleza de la realidad que se palpaba en ella encontraría un marco excepcional en los parajes naturales de su Garrotxa nativa. Desde ese momento Vayreda alternó su residencia entre los inviernos pasados en Barcelona y los largos veranos en su casa de Olot, en donde encontraba el referente natural para sus creaciones, fijando definitivamente su residencia en la villa en 1868.
Capital en el nacimiento de la Escuela fue también la fundación Centre Artístic d’Olot por el propio Vayreda, quien confió la dirección al pintor Josep Berga i Boix, a quien el ayuntamiento de la villa había desposeído de su cargo en la Escola Oficial d’Art, por su pasado carlista. Pero si importante fue el Centre Artístic, no menos lo fue el viaje a París de Joaquim Vayreda el 1871. En el transcurso del mismo el artista catalán tuvo la oportunidad de conocer la obra de los componentes de la Escuela de Barbizon. La manera de tratar y entender la realidad y la naturaleza por parte de los artistas franceses subyugó de tal manera que acabó introduciendo su manera de hacer en Cataluña, de esta manera encontramos la influencia de figuras de los maestros franceses, Corot, Rousseau, Corbet, Millet y muchos otros en la obra de Vayreda y de sus compañeros de aventura en la escuela olotina. De la misma manera que los artistas franceses buscaron en Barbizon una nueva manera de expresar su arte, gran parte de los artistas formados en la Barcelona de la segunda mitad del siglo XIX encontraron en la comarca de la Garrotxa el marco idela para crear su pintura. Artistas de renombre como Modest Urgell, Joseph Armet, Antoni Caba, entre otros, no dudaron en acmpañar a Vayreda en su aventura artística, eso sí, huyendo en un principio de la fiebre amarilla que asolaba por esos años a la capital catalana.

Barcelona, a 15 de octubre de 2005